Atico C.
En este pequeño ático hemos buscado recuperar la esencia constructiva del espacio, alejándonos de gestos ostentosos o de la búsqueda de protagonismo a través de la escala.
La intervención encuentra su valor en la proporción, la luz, los materiales y la estrecha relación entre la vivienda y el exterior. La cubierta de teja, el pavimento de madera y los revestimientos cerámicos actúan como elementos de conexión con su contexto, anclando la intervención a la memoria y a la identidad del entorno.
Las vigas de madera aportan carácter, textura y memoria, evocando la historia del lugar y reforzando su identidad. Frente a ellas, la envolvente blanca, la abundante entrada de luz natural y los acabados en tonos claros construyen una atmósfera serena, cálida y luminosa. La iluminación artificial se integra con discreción, permitiendo que la arquitectura y la luz sean las verdaderas protagonistas del espacio.
En el baño, la combinación de cerámica azul y blanca con la madera introduce un guiño a la tradición mediterránea. El lucernario situado sobre la ducha se convierte en el elemento central de la estancia, transformando un espacio cotidiano en una experiencia vinculada al cielo, al paso de las horas y a la luz natural.
La gran terraza que envuelve la vivienda funciona como una estancia más, ampliando los límites del interior y convirtiendo el exterior en el lugar privilegiado de la casa. El blanco continuo potencia la intensidad de la luz valenciana y establece un diálogo con el carácter marinero y luminoso del barrio.
El proyecto aspira a ser una vivienda acogedora, luminosa y mediterránea; un lugar concebido para vivir con sencillez, disfrutar del clima y habitar el exterior.